Eres azul y antigua

Eres azul y antigua, como una creencia ya olvidada, profunda e inaccesible como misterio de aire, de hueco transparente. Infinita línea laminada de ribetes de espuma, una amante, sereno orgasmo ahora, deslizándose hasta mis dedos lentamente. Un espejo de luz por el que ondea un agua de amor antigua como la vida y la muerte, desde mucho antes que el tiempo existiese. Siempre vuelve, y siempre me acaricia el alma, y siento su sal en las heridas, y me devuelve un rumor de calma con su belleza imponente y eterna. Azul y antigua, te veo y recorro descalzo tus orillas, deseando hundirme en tus entrañas y arañar la arena de tu vientre, gritarte desesperado desde el abismo de tu sexo, desde la sima de tus ojos, …que te amo. Pero no, no grito, no alzo ni mínimamente la voz, ni intento decirte algo, cualquier cosa. Me alejo poco a poco sintiéndote en mi respiración, en todo mi ser, …y un día mas, mudo, regreso a casa.

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El perseguido

Al salir estuve andando por las calles encharcadas del centro de Madrid. Todo el día llovió, y la noche se proponía seguir dejándose llevar bajo una fina y serena lluvia de primeros de junio. Caminé tranquilo por las calles en las que aún había gente andando rápido y mirando los charcos, miradas esquivas, y un coche pasó bajo las temblorosas y tímidas luces de las calles mojadas. Paré a mirar el escaparate de una librería con sus resplandecientes novedades bajo los fluorescentes blancos. Ahí lo vi. Salía de la bocacalle que yo dejé atrás un momento antes, seguí mirando los últimos superventas de Zafon, Follett, Rowling… De reojo miré y allí seguía, alto y con barba de dos días, vaqueros negros, camisa negra, chaqueta negra, un espectro negro de mirada torva. Decidí seguir caminando hacia casa. Dos calles más abajo paro, para encenderme un cigarrillo. Lo volví a ver, nervioso, calle abajo. Él me vio, y se sintió descubierto, parando desconcertado, y disimuló mirando un escaparate. Yo empecé a ponerme nervioso, sin querer darle importancia fue creciendo en mí la sospecha de que ese tipo me estaba siguiendo. ¡¡Joder, me seguían¡¡ Di una calada nerviosa al cigarro y me puse a caminar cada vez más deprisa. Miré hacia atrás y el tío me sigue, y yo sigo caminando un poco más deprisa. Vuelvo a mirar hacia atrás y ahí está él, siguiéndome, porque está claro que me sigue. Sus ojos brillan y camina cada vez más deprisa. ¿Pero qué coño quiere este tío? Mierda, me ha encontrado. Salí disparado corriendo calle abajo, eché a correr desesperado por varias calles intentando darle esquinazo. En una de las calles miré atrás y lo vi, tras de mi, era yo. Corrí más rápido, más deprisa. Volví a mirar atrás, aún me seguía, corría el cabrón más que yo y me acercaba, me va a pillar. Corrí y corrí más, pero él corría y corría tras de mi. No sé cuanto corrí, ni dónde, ni cuándo dejó de correr él, ya no miré atrás nuevamente, solo corrí como un desesperado por las calles mojadas de Madrid, bajo la lluvia serena en una noche de junio en la que… en aquella noche de persecución casi me atrapa.

Imagen: Galería de Rick Elkins en Flickr. Espectaculares fotografías.

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